La situación de cientos de migrantes deportados, entre ellos venezolanos, desde Estados Unidos hacia México encendió nuevas alarmas entre organizaciones humanitarias y defensores de derechos humanos.
De acuerdo con Telemundo, venezolanos, cubanos, hondureños y guatemaltecos denuncian que, lejos de ser repatriados a sus países de origen, están siendo «abandonados» en territorio mexicano sin apoyo institucional, refugio y acceso a servicios básicos.
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Para los venezolanos, la incertidumbre es aún mayor. Roberto Betancourt, uno de los afectados, afirmó que no existe ningún tipo de guía oficial para encontrar un lugar seguro o un canal que les permita transitar durante su estancia forzada en México.
En 2025, más de 12.900 extranjeros fueron deportados desde Estados Unidos hacia territorio mexicano, una cifra que revela la magnitud del problema.
Mientras tanto, los migrantes continúan atrapados entre fronteras, sin protección y respuestas claras sobre su futuro inmediato.
Entre los testimonios más duros está el del cubano Raúl Morales. Él asegura que terminó trasladado a México en contra su voluntad.
«A la fuerza me pasaron a este país. Nos tienen tirados aquí en la calle; nos tienen presos en esta ciudad», relató al mencionado medio de comunicación.
Su denuncia coincide con la de otros migrantes. Ellos describen un escenario de abandono total. Es decir, sin orientación ni acompañamiento tras ser expulsados de Estados Unidos.
Muchos terminan durmiendo en plazas públicas, sin recursos y documentos que les permitan trabajar o recibir remesas.
El caso de Alberto Diegues, también cubano, evidencia la complejidad del fenómeno. Tras vivir 16 años con residencia permanente en Estados Unidos, terminó deportado por un problema legal derivado de un accidente ocurrido en 2003.
Hoy sobrevive en la calle junto a otros migrantes, sin acceso a refugios ni asistencia básica. «El mundo en la calle es lo peor. No hay ningún refugio aquí de nada. Estamos durmiendo en la calle, pidiendo dinero», lamentó.
EN UN «LIMBO»
La falta de documentos agrava más la crisis. Migrantes de distintas nacionalidades reportan haber perdido sus pertenencias durante el proceso de deportación. Esta situación, les impide acceder a empleo, servicios o incluso retirar dinero enviado por familiares.
Darwin Maldonado, hondureño, describió la situación como un «sálvese quien pueda». Denunció que no existe ninguna estructura de apoyo.
A esto se suma que muchos fueron trasladados al sur de México. Y, solo reciben un papel que les ordena abandonar el país en 10 días, sin orientación sobre trámites o refugios.

