Las tensiones entre Estados Unidos y el régimen de Irán volvieron a escalar luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, advirtiera que encabezará duras represalias si las fuerzas de seguridad reprimen violentamente las masivas protestas que sacuden al país desde finales de diciembre.
“Les hice saber que, si empezaban a matar gente, lo cual tienden a hacer durante sus disturbios —tienen muchos disturbios—, si lo hacen, los golpearemos muy duro”, afirmó Trump durante una entrevista con el presentador de radio conservador Hugh Hewitt.
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Sin embargo, el mandatario republicano no precisó qué tipo de medidas adoptaría su administración, pese a que las protestas ya registran al menos 21 muertos.
Pero sí insistió en que su gobierno sigue “muy de cerca” la situación y está preparado para actuar si se produce una represión letal contra los manifestantes.

¿QUÉ SABE SOBRE LAS VÍCTIMAS?
De acuerdo con reportes de la prensa estatal iraní y declaraciones oficiales, los disturbios iniciados el 28 de diciembre han dejado al menos 21 muertos, entre ellos tanto manifestantes como integrantes de las fuerzas de seguridad.
No obstante, organizaciones de derechos humanos y grupos opositores en el exilio sostienen que la cifra real rondaría los 45 fallecidos. Ese número, que no ha podido ser corroborado de manera independiente, es rechazado por las autoridades de Teherán.
La ausencia de observadores internacionales, las limitaciones impuestas a la prensa extranjera y los frecuentes cortes de internet complican la verificación independiente del número exacto de víctimas.
¿QUÉ DETONÓ LAS PROTESTAS?
Las primeras manifestaciones estallaron en Teherán, impulsadas por comerciantes del Gran Bazar y otros sectores que salieron a las calles para denunciar el alza de los precios, la inflación persistente y el desplome del rial.
Ese descontento económico, acumulado durante meses, terminó convirtiéndose en el catalizador de una oleada de protestas que pronto superó los límites de la capital.
En los días posteriores, las movilizaciones se propagaron a por lo menos 25 de las 31 provincias del país, según un recuento de agencias internacionales basado en declaraciones oficiales y reportes de medios locales.
Las protestas se replicaron tanto en grandes centros urbanos como en poblaciones más pequeñas, un fenómeno especialmente delicado para un régimen que, históricamente, ha logrado mantener la disidencia contenida fuera de las principales ciudades.
Las consignas económicas que marcaron el inicio de las protestas evolucionaron en algunos puntos hacia cuestionamientos directos a la dirigencia política y estructura de poder iraní.
Imágenes difundidas por medios registran choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad, además de incendios y ataques contra instalaciones públicas. Las autoridades de Teherán atribuyen estos episodios a “grupos violentos” y presuntas intervenciones externas. En todo caso, desde la Casa Blanca se sigue la situación.

