Altar de la gastronomía oriental: El Pastel de Chucho

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¡Hola, queridos lectores de Caraota Digital! Es un honor saludarlos en esta semana donde el calendario se detuvo para dar paso a la reflexión. Más que una pausa laboral, estos días nos invitan a un viaje hacia nuestras raíces, donde la fe no solo se profesa en los templos, sino que se manifiesta con fuerza y aroma en el corazón de nuestras cocinas.

La Fe en el Plato: Simbolismo y Emoción

El Viernes Santo en Venezuela tiene un aroma particular: el del sofrito criollo y el plátano frito. Cada plato, dulcería y demás, no es simplemente una receta; es un ejercicio de devoción y acercamiento a las tradiciones. Históricamente, la abstinencia de carnes rojas nos empujó a mirar hacia el mar con mayor respeto, y en el Oriente del país, esa mirada encontró al chucho (o raya).

Sin restar protagonismo al cuajado hoy le daremos el espacio al Pastel de Chucho, ese que conquistó los paladares con su inventiva y modernismo en manos del Profesor Rubén Santiago. A lo largo del tiempo cada uno de los cocineros de la región y los foráneos desarrollamos su propia versión del platillo, al que se le agrega ingredientes muy variados dependiendo de la disponibilidad de cada casa. Aun así no deja de ser un bocado de tradición.

Comer este pastel en Semana Santa es un acto de comunión familiar. Hay una carga emocional profunda en el proceso: desde escoger el chucho, cocinarlo hasta el desmechado minucioso del pescado, el ensamblaje de las capas que parecen un abrazo entre lo salado y dulce, lo antiguo y moderno.

Sin poder dejar a un lado esa espera impaciente frente al horno. Es la cocina de la paciencia, la que honra el sacrificio y celebra la abundancia de lo que nuestra tierra y mar nos proveen. En cada bocado, hay un pedazo de nuestra historia y una conexión espiritual con quienes nos enseñaron que alimentar es, ante todo, un acto de amor.

La Receta Sugerida hoy: homenaje al Maestro Rubén Santiago, receta de autor

Cocinar el pescado el Chucho, desmenuzar y tener listo. Sofreír (en un toque de aceite onotado) cebolla, ajo, ají dulce (margariteño es el indicado), pimentón y cebollín, todo cortado finamente.

A este sofrito invitar el chucho a danzar entre sus sabores y aromas, con vueltas de amor e intención. Añadir algo del caldo de la cocción, rectificar de sabor y dejar que quede ligeramente jugoso. Ya se tiene las tajadas de plátanos listas en su punto, justo a una bechamel con cuerpo y deliciosa.

Llega el momento del armado y se hacen capas de tajadas, chucho, bechamel y queso amarillo de que funda (en mi versión uso parmesano). Terminando con bechamel y queso, algo más de dos capas en el pastel. Va al horno a 180 °C hasta que este gratine y esté integrado, donde los sabores se funden en un solo corazón. Retirar del horno deja reposar unos minutos y lo tienes listo para servir.

El primer bocado nos sitúa en el recuerdo, el segundo nos brinda la comprensión técnica del plato, pero el tercero es la revelación: la tradición no es estática, se reinventa para seguir viva en nuestra memoria.

Beneficios Puro y Simple

Más allá de su valor cultural, este plato es una joya nutricional:

  • Proteína de Alta Calidad: El chucho aporta proteínas magras esenciales para la
    reparación de tejidos.
  • Fósforo y Vitaminas: Vitales para la salud cognitiva, alineándose con los principios
    de la neurogastronomía al estimular la memoria a través del sabor.
  • Energía Natural: El plátano maduro provee el potasio y los carbohidratos
    necesarios para mantener el ánimo durante los días de procesión y caminatas.
  • Sin Procesados: Es una preparación que celebra el ingrediente real, libre de
    aditivos artificiales.

Reflexión para el Cierre

Cocinar un Pastel de Chucho es, en última instancia, un gesto de resistencia cultural y espiritual. En este Viernes Santo, mi recomendación es que no vean la cocina como una obligación, sino como un altar.

Permítase sentir el aroma del ají dulce, reconozcan el esfuerzo de nuestros pescadores y, al sentarse a la mesa, dar gracias por el reencuentro familiar o ese abrazo individual. Porque cuando comemos con intención, alimentamos mucho más que el cuerpo; nutrimos el alma de una nación que se reconoce en sus sabores.

 ¡Feliz y bendecido Viernes Santos!

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