Venden su sangre para sobrevivir: el controversial negocio ‘millonario’ que crece en Estados Unidos

Luis Alfredo Ledezma
5 Min de Lectura
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Los donantes ganaron unos $4,700 millones el año pasado vendiendo su plasma en una industria multimillonaria / Archivo

En los suburbios de Philadelphia (EEUU), entre una peluquería y un banco, la escena parece rutinaria, pero revela una realidad inquietante. Decenas de personas recostadas en camillas, conectadas a máquinas que extraen su plasma (sangre) a cambio de 65 dólares.  

De acuerdo con un amplio reportaje de NBC News, en un país donde los precios suben más rápido que los salarios y los ahorros se evaporan, vender sangre se transformó en un negocio multimillonario sostenido por la necesidad. 

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Según el medio de comunicación, historias como la de Ian Pleasant, un repartidor de 43 años, muestran la crudeza del momento.  

Aunque trabaja lo suficiente para pagar sus facturas, necesita vender plasma para completar y comprar artículos básicos como papel higiénico o comida para sus mascotas.  

Lo mismo ocurre con Jill Chamberlain, una profesional de Phoenix, quien pasó de ganar 87.000 dólares al año a un salario por hora que apenas cubre lo esencial.  

“Al principio me daba vergüenza, pero ahora estoy enojada”, confensó. Se trata de una situación que refleja la frustración de un sector de la clase media estadounidense que se siente empujada a la «humillación». 

Las transacciones se realizan en más de 1,200 centros de plasma / Archivo

¿CUÁNDO LA GENTE EMPEZÓ A VENDER SU SANGRE?  

El auge del negocio es evidente: en 2024, los estadounidenses obtuvieron unos 4.700 millones de dólares vendiendo 62.5 millones de litros de plasma, un incremento superior al 30 % desde 2022.  

Con más de 1.200 centros operativos —más que tiendas Costco (almacenes al mayor) en todo el país—, estas instalaciones ya no se ubican solo en zonas vulnerables, sino también en suburbios de clase media y ciudades universitarias. 

Investigadores señalan que, cuando un centro abre en un barrio, aumenta el consumo local y disminuye la delincuencia, una señal de que el dinero del plasma está sosteniendo economías domésticas al límite. 

Lo más llamativo, es que este fenómeno es casi exclusivo de Estados Unidos. Pocos países permiten pagar por el plasma ni permiten donaciones tan frecuentes como dos veces por semana.  

Aunque los efectos a largo plazo no están del todo claros, algunos donantes reportan mareos, hematomas y agotamiento. Aun así, la necesidad pesa más que el riesgo. 

La demanda internacional también impulsa el mercado. Estados Unidos suministra el 70 % del plasma mundial, convertido en medicamentos que se exportan por miles de millones. 

ES MÁS QUE UN INGRESO EXTRA  

Para familias como la de Margo Thompson en Idaho o trabajadores como Larry Jones en Oklahoma City, vender plasma no es un ingreso extra, sino un salvavidas.  

En un país donde el 1 % concentra más del 30 % de la riqueza y el sistema social ofrece poco margen de apoyo, el plasma se ha convertido en una válvula de escape silenciosa.  

¿QUÉ DICE UNA DE LAS EMPRESAS ENCARGADAS?  

BioLife evitó explicar los criterios, con los que define sus esquemas de compensación.  

La compañía, al igual que otras del sector, insiste en que no paga por el plasma en sí —puesto que se considera una donación—, sino que ofrece una remuneración por el tiempo que las personas dedican al procedimiento. 

No obstante, el pago suele concretarse únicamente cuando la donación se completa. Si una persona acude al centro, pero es rechazada —por deshidratación, niveles bajos de proteínas u otros factores—, no recibe compensación alguna. 

“Las personas deciden donar plasma por diversas razones. Ya sea por motivos personales, por el deseo de contribuir a la sociedad o por recibir una compensación por su tiempo y compromiso, reconocemos y agradecemos a todas las personas que donan plasma desinteresadamente”, afirmó BioLife en un comunicado.  

“En consonancia con la práctica habitual del sector, BioLife compensa a los donantes de plasma en reconocimiento por su tiempo y esfuerzo. El nivel de compensación puede variar en función de la ubicación del centro y de si se trata de un donante nuevo o ya existente”, se agrega en el escrito. 

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