Este verano, la costa atlántica de Massachusetts (EEUU) se convirtió en el escenario de un hallazgo tan raro como fascinante: dos langostas americanas con un caparazón azul eléctrico fueron capturadas en cuestión de semanas, desatando asombro entre biólogos marinos, científicos y pescadores.
De acuerdo con Northeastern Global News, la primera captura ocurrió en julio, cuando el pescador Brad Myslinski encontró una langosta azul en sus trampas frente a Salem. Reconociendo su rareza, decidió donarla al Centro de Ciencias Marinas de la Universidad de Northeastern, donde fue bautizada como “Neptuno” por estudiantes en honor al dios romano del mar.
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El segundo ejemplar, de ocho años de edad, fue entregado poco después a la Escuela de Ciencias Marinas y Tecnología Este de la Universidad de Massachusetts Dartmouth, reforzando la idea de que algo inusual está ocurriendo en las aguas de Nueva Inglaterra.
Según la bióloga Sierra Muñoz, el color azul proviene de una sobreproducción de crustacianina, una proteína que altera el equilibrio de pigmentos en el caparazón.
Normalmente, las langostas presentan tonos marrón moteado que les permiten camuflarse en fondos rocosos. Pero en casos como el de Neptuno, la mutación anula los demás colores y deja al descubierto un azul vibrante, que si bien es visualmente impactante, también las hace más vulnerables a los depredadores.

¿QUÉ PASARÁ CON ESTAS LANGOSTAS?
Ambas servirán para la educación y divulgación científica, en lugar de terminar en la mesa como ocurre con la mayoría de las langostas.
Más que su belleza, estos casos de langostas azules destacan por su valor para la investigación. Esto, porque llegar a la adultez es poco frecuente, pues su color intenso las hace más vulnerables a depredadores.
También servirán para determinar el ritmo y por qué los cangrejos azules crecen en número en Nueva Inglaterra por el calentamiento del agua.
En definitiva, tener ejemplares vivos permite a los científicos estudiar cómo estas mutaciones afectan la ecología marina.
Según la ecóloga Neida Villanueva, en el caso de Neptune, este se adaptó rápidamente a su nuevo hogar en el acuario. Para garantizar su bienestar, el equipo construyó una cabaña de refugio y restringió la interacción con los visitantes, respetando la naturaleza solitaria de la especie.
Comparte tanque con erizos verdes, peces cunner, peces esculpinos y cangrejos Jonás, pero permanece protegido de posibles depredadores.